La gafas de Allende acusan.

El libro recientemente lanzado por Ediciones Ceibo: Allende “Yo no me rendiré”, entrega elementos de juicio criminalístico más que suficientes para fundamentar que la forma médico legal de su muerte no fue suicida, sino homicida, por más que los autores,  el Dr. Luis Ravanal Zepeda y el periodista Francisco Marín Castro, en un exceso de humildad profesional, declaren que su objetivo es solamente entregar nuevos antecedentes, que permitan una mirada más certera del magnicidio.

La descripción de lesiones características de orificio de entrada  en su cavidad orbitaria izquierda, acompañadas incluso de productos de deflagración de la pólvora, y de un orificio de salida en la parte posterior  derecha del cráneo, acompañadas de hallazgos de la necropsia que revelan que su muerte no fue instantánea, como lo habría sido por la bala que hizo explotar su cráneo, son elementos más que suficientes  para asegurar que la bala que lo mató fue de un arma corta, y de corta distancia.

En la página 223, los autores señalan: "Además se pueden constatar a primera vista, la existencia de numerosos desgarros junto a heridas irregulares, algunas de aspecto ovalado o semilunar, cuyo origen no fue determinado, y que perfectamente podrían corresponder a un orificio de entrada de proyectil de bajo calibre… las heridas visibles en la zona periorbitaria y orbitaria izquierda, coinciden con la detección de elevadas concentraciones de residuos de pólvora en esas áreas, tal como se demostró en los estudios recientes de residuos de pólvora, tras la exhumación  practicada en el año 2011, donde se ha revelado que las mayores concentraciones  de pólvora se encuentran en  la zona frontal y periorbitaria izquierda, siendo éste un hecho objetivo"…

Es por ello que llama la atención que no se haya periciado un elemento esencial para certificar aún más, si ello es posible, lo ya concluido, las gafas de Allende, no las que entregó el Ejército, sino las que se exhiben actualmente en el Museo de la Memoria, encontradas días después por una persona a la que se permitió la entrada a la Moneda y que entregó recientemente al Museo de la Memoria.

De lo que se puede apreciar de las imágenes, la perforación del cristal es semicircular, tiene un bisel con toda seguridad interno y el borde interno del marco  está desgastado y muestra la pérdida de un enmarcado blanquecino, que completa el otro semicírculo de lo que debió ser una  perforación redondeada, alineada perfectamente con la trayectoria de adelante atrás y de izquierda a derecha del proyectil de arma corta que terminó con la vida del compañero Presidente. La existencia de numerosos desgarros junto a heridas irregulares, algunas de aspecto ovalado o semilunar, cuyo origen no fue determinado, puede corresponder a los fragmentos del marco y de los cristales que actuaron como proyectiles secundarios. A mayor abundamiento, las salpicaduras que se observan en el marco pudieran corresponder a tatuaje por restos de pólvora no combustionada, propias de los disparos de corta distancia. Finalmente, se observa que el marco conserva el cristal a pesar de estar roto, lo que revela que la perforación sólo pudo ser causada por un proyectil y no por la proyección y caída de las gafas generada por el disparo de fusil, el que tampoco pudo romperlas por estar fuera de la trayectoria de ese proyectil.